
Creando y cantando en una curiosa mezcla de lenguajes que se ubicaba entre el idish y el porteño, Jevel Katz fascinó durante una década -la del ’30- a los judíos rioplatenses y paisanos, con canciones que reflejaban espontaneidad, gracia y picardía para pintar las vivencias de los inmigrantes de su mismo origen. Pese al largo tiempo transcurrido desde su temprana muerte, quienes conocen de Jevel Katz elevan el recuerdo de una leyenda todavía tibia.
Se autodefinía como cantor callejero. Para los críticos de hoy, una especie de juglar, trovador, Gardel judío tierno e irónico. Pero por sobre todas las cosas, fue un testigo de la vida y los milagros de los judíos argentinos por aquellos años, gringos con pretensiones de criollos, retratados en canciones afectuosamente burlonas acerca del Buenos Aires judío de aquellos tiempos.
Uno de los fuertes de Jevel Katz era tomar canciones de moda y adaptar a su melodía una letra propia, hasta el punto que ni siquiera La cumparsita estuvo a salvo.
En el sindicato de obreros gráficos de Vilna,Lituania, fue donde comenzó a cantar sus primeras parodias y a los 27 años decidió seguir a un hermano ya radicado en la pecaminosa y mal afamada Buenos Aires, donde desembarcó el 20 de mayo de 1930 para quedar enamorado de la ciudad y del país.
A lo largo de sus diez años de vida porteña, Jevel escribió y musicalizó más de medio millar de piezas entre cuplés, parodias, cuadros, sátiras y pequeñas descripciones lírico-musicales de la vida judía en la urbe portuaria.
Solo interpretaba canciones compuestas o arregladas por su talento, acompañándose con una enorme variedad de instrumentos, algunos extravagantes y otros surgidos de su propia imaginación.
Llegó 1940 y tendido en una cama de hospital cantando para si canciones dedicadas a su viejo hogar, el 8 de marzo Jevel Katz cerró sus ojos para siempre cuando tenía nada más que 37 años, dejando para la historia una vida azarosa, plena de matices y logros. “Murió el más alegre de los judíos de Argentina, el artista más popular y querido de Buenos Aires” fue el título del Diario Israelita.
A la hora de las evocaciones, cabe recordar que muchos de los curiosos instrumentos que lucía el joven lituano en sus presentaciones, ocupaban una vitrina en el edificio de la Mutual Israelita de Buenos Aires, destruido por un atentado terrorista en 1994, elementos que en su mayoría fueron rescatados de entre los escombros y restaurados.
Katz dejó imágenes imborrables de su paso por las nacientes emisoras radiales de Buenos Aires y de Montevideo. Vestido de gaucho, de mujer o con un sombrero de copa y smoking recorría los escenarios porteños, uruguayos y chilenos, como así también los tablados que se improvisaban en las colonias agrícolas judías del interior argentino.
"La voz de oro del tango", se consagró como cantante en la orquesta de Aníbal Troilo, es memorable su versión del tango "María"
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