
En los últimos tiempos, a medida que iban cayendo los piadosos mantos que la hipocresía utilizaba para esconder todo lo escabroso, se hizo imposible negar la existencia de un verdadero “pink power”, ese poder rosa que es fácil de encontrar en el deporte, en la política, en la Justicia, en el clero, en las fuerzas armadas y de seguridad, en el mundillo artístico, en el quehacer periodístico y en cualquier otra actividad ciudadana. El peligro radica a veces en la morbosa exacerbación de la condición de tal, lo que por lo general deriva en escándalos de notable trascendencia mediática.
Tiempo de marginalidad
Ya Osvaldo Bazán, en la Historia de la homosexualidad en la Argentina, refiere de qué manera el tango y los homosexuales compartieron espacios y persecuciones en lejanos tiempos de la marginalidad cuando se bailaba todavía entre varones, consignando que esos dos ámbitos estuvieron fuertemente hermanados, al sostener que “Entre 1890 y 1910 nace el tango en todo el bajo fondo de la zona sur, al que se le tenía mucho miedo … Allí estaban por un lado los compadritos que según las crónicas de la época eran como amariconados en la manera de vestir, de caminar, con los tacos altos y con una relación muy particular con las que eran sus mujeres”. Francisco de Veyga, médico amigo de José Ingenieros decía que todos los lunfardos (así llamados por la jerga cuasi delictiva con la que se comunicaban) habían tenido una iniciación homosexual y que para ellos la relación con la mujer no era de amor sino de interés, porque ella trabajaba para él, lo que explica el vocablo “mina” de donde lograba el sustento. “Ellas no eran gráciles niñas, eran mujeres que llevaban una daga en la liga y eran capaces de enfrentar a la policía de un dagazo. Por eso, el componente homosexual y el componente anarquista están en ese primer tango, porque era prostibulario”.
¿Solo una mitología?
Sin embargo José Gobello, Presidente de la Academia Porteña del Lunfardo considera que el vínculo de la homosexualidad con el tango es una total falacia y que fueron muchos los cultores sospechados, incluyendo al mismísimo Carlos Gardel, rumores en su mayoría infundados. “…han existido casos puntuales como en cualquier otro ámbito pero no es correcto pretender que el circuito tanguero tuviera algún tipo de relación particular con la homosexualidad”. Explica Gobello que varios autores han querido ver de aquellos viejos tiempos, cuando se bailaba entre hombres, alguna connotación sexual, lo que es solo una mitología porque el género estaba socialmente mal visto y las mujeres tenían prohibido bailarlo en público. (Continúa parte II).
GONIO FERRARI
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Excepcional compositor y bandoneonista, junto a Pedro Maffia integró un duo inolvidable e irrepetible
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