
Puede considerarse generoso e histórico el aporte del tango a la cinematografía nacional, desde la primera película Tango Argentino rodada en 1897 y durante la vigencia del cine mudo hasta 1933. En ese año se estrena el primer largometraje sonoro: Tango, que inició una larga serie de películas en las que la música de Buenos Aires tiene alguna participación, al igual que muchos de sus recordados protagonistas.
Los primeros intentos por sonorizar las películas mudas fueron todo un alarde de imaginación. El caso de Angel Villoldo, quien participó en varios cortometrajes adosando el sonido a través de un fonógrafo que a duras penas, y más por casualidad, se sincronizaba con las imágenes.
En la película Nobleza Gaucha, promediando la primera década del siglo XX, se muestra a varias parejas danzando tango en el viejo Armenonville. Pocos años más tarde, en 1917, aparecen en pantalla -por supuesto sin cantar- Ignacio Corsini y Carlos Gardel. Dos fueron los filmes en que exhiben su estampa, por entonces, esos gigantes del tango: ¡Federación o muerte! y Flor de durazno.
Durante un lustro -entre 1922 y 1927- fueron más de diez las películas filmadas con temática tanguera. Desde La muchacha del arrabal hasta En la patria de los gauchos, (escrita, dirigida y actuada por el cantante Arturo Mathon) se encadenaron las cintas con nombres como Melenita de oro, Mi último tango, El organito de la tarde, De vuelta al bulín, Tu cuna fue un conventillo y Galleguita.
Corría 1930 cuando aparecieron algunos cortos en los que Carlos Gardel vocalizaba clásicos urbanos. Esas copias, que presentaban fallas, aún suelen difundirse en ocasión del aniversario de la desaparición del Zorzal. Otras nunca pudieron exhibirse debido a insalvables problemas técnicos.
Un hecho que ingresó a la historia acaeció en 1933 cuando se filmó Tango, la primera película argentina totalmente sonorizada. Se reúnen en la pantalla grande a las órdenes del director Luis José Moglia Barth, figuras de la talla de Libertad Lamarque, Tita Merello, Mercedes Simone, Alicia Vignoli, Azucena Maizani, Alberto Gomez, el brillante bailarín José Ovidio Bianquet, apodado El cachafaz y las orquestas que dirigían Juan de Dios Filiberto, Osvaldo Fresedo, Juan D’Arienzo, Pedro Maffia y Edgardo Donato.
Fue la primera y única vez que el cine argentino pudo tener juntos a exponentes tangueros de tamaña notoriedad, como en esa ocasión que mostraron su respaldo al evolucionado séptimo arte en su ingreso a la etapa sonora.
Poco tiempo después en Los tres berretines participan Osvaldo Fresedo y su orquesta y Anibal Troilo tocando junto a Vicente Tagliacozzo en violín y José María Rizzutti al piano. Idolos de la radio, otra de las importantes realizaciones mostraba en la pantalla
-corría 1934- a Francisco Canaro, Ignacio Corsini, Tita Merello, Dorita Davis y Ada Falcón.
No fueron pocas las películas biográficas de las más prominentes figuras del tango. Mi noche triste se basó en la vida de Pascual Contursi; Derecho Viejo en la de Eduardo Arolas, Adiós Muchachos reflejó la existencia del compositor Julio Sanders y El último payador se basó en José Betinoti.
Lo de Carlos Gardel merece un párrafo aparte. Fue interpretado para la pantalla perlada por Hugo del Carril en La Vida de Carlos Gardel. El actor Tito Escalada lo personificó en Se llamaba Carlos Gardel y Rolando Chávez lo hizo en El morocho del Abasto.
Pero la filmografía del que cada día canta mejor -según lo sostienen los fanáticos- aportó también diez películas cortas en las que canta sus más aplaudidos temas, que todavía se recrean en especiales recordaciones. Largometrajes como Luces de Buenos Aires, Espérame, Melodía de arrabal, La casa es seria, El tango en Broadway, Cuesta Abajo, El día que me quieras y Tango bar quedaron atesorados en la historia.
El cine abrió generosamente sus puertas para que algunos cantantes, a la vez actores vocacionales, pudieran expresarse como tales. Así lo certifican los casos de Libertad Lamarque y Hugo del Carril, a los que hay que agregar Alberto Castillo, Ignacio Corsini, Charlo, Mercedes Simone, Jorge Vidal, Azucena Maizani, Alberto Vila y Virginia Luque entre los más destacados.
En la película El hincha aparece la figura inconfundible de Enrique Santos Discépolo y la de Tito Lusiardo -en su doble papel de bailarín y jugador- representando al típico porteño.
Algo cercano a la declinación sucede en los últimos años del siglo XX, como si el tango hubiera desaparecido de la pantalla grande notablemente mejorada por la tecnología. Así las cosas, se difundieron realizaciones brillantes como La tregua con música de Julián Plaza; Sábado a la noche cine y Paula Cautiva, con música de Astor Pantaleón Piazzolla; Tango, (candidata al Oscar de la Academia de Hollywood en 1999) del realizador español Carlos Saura, con escenas de notable calidad plástica; Funes, un gran amor y Sur, dirigida por Pino Solanas.
Tres valiosos exponentes del tango vocalizado -entre otros- son los cantantes Susana Rinaldi, Jorge Sobral y Raul Lavié, los que por mucho tiempo permanecieron en la continuidad de la tradición tanguera del cine argentino.
Pero la expresión del tango no encontró eco solamente en la filmografía nacional, sino que también tuvo relevancia en producciones extranjeras como Los cuatro jinetes del Apocalipsis, donde el mítico Rodolfo Valentino baila un tango al estilo européo. Y en Mentiras verdaderas, el atlético Arnold Schwarzeneger exhibe una particular manera de bailar el tango.
Entre esas dos realizaciones, separadas por varias décadas, ha quedado una respetable cantidad de filmes que abordan la temática tanguera; la esencia de la música porteña. Válidos ejemplos con el correr de los años, han sido Perfume de mujer, con Al Pacino; Bolero, Valentino, El baile o Último tango en París.
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